Capplannetta y los miserables

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Lejos de la gran novela de Víctor Hugo de la que no hago alusiones en este post, está la parte distinta en la que para mí los miserables son aquellos que no pueden hablar entre ellos si no es para hablar de los demás. Estos especímenes critican y critican, no pueden parar de juzgar a todo aquello que no oye. Normalmente son gente mezquina e ignorante, pero lo que más son es envidiosos. La envidia es perjudicial cuando se trata de señalar los defectos y las actitudes de otros. El usar como “cabeza de turco” a alguien en especial y aún así se complacen con criticarle no es más que la punta del iceberg. Existe envidia, pero también una obsesión contra aquello que no puede o no quiere defenderse debido a que no comprende bien la causa de su obsesión totalmente ajena. Un hombre y una mujer que van a la suya es algo que debiera hacer todo el mundo. Mejor nos iría. Pero cuando se escoge un “cabeza de turco” o una persona concreta la obsesión permanece o por un momento se corta la animadversión y la conjura contra seres que tienen las de perder siendo puro agravio, ya no solo miserable, también cobarde e invasor. Es un tópico decir “la Libertad empieza donde termina la de otros”, pero también se puede atribuir esta falta de libertad al criticar la paz de los vulnerables, aquellos que no pueden defenderse por su naturaleza a la que nunca se la tiene en cuenta. Mejor es estar callado y tratar de ser buena gente sin causar aspectos negativos a tus semejantes. Vive y deja vivir, otro tópico que no se lleva a cabo. La verdadera  paz de los hombres empieza con dejar vivir. La impertinencia es algo habitual. 



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